El guardián de los bosques y las sirenas montañesas

Cuando el viento agita con fuerza las ramas del hayedo de la Selva de Irati y sobre ella el cielo se agrieta al tiempo que ruge, un cortejo fúnebre emprende la marcha en torno al embalse de Irabia. Allí, hadas y brujas pasean al esqueleto de doña Juana III de Navarra por los terrenos que un día dominó. Los aezkoanos, buenos conocedores de la historia, se encierran en sus casas los días de viento y tormenta. Quien se cruce con ellas desaparecerá.

Ésta es una de las múltiples fábulas que se esconden en los bosques de las montañas navarras, donde los espíritus conviven entre las sombras, los murmullos y la niebla con el Basajaun y las Lamias, unos seres mitológicos cuyas historias despertó de nuevo la escritora Dolores Redondo con la novela ‘El guardián invisible’.

Habitan en las orillas de los ríos y en las cavernas de las cumbres encerradas en un cuerpo mitad mujer y mitad pez, las lamias presumen de ser las sirenas de las montañas. Cuenta una leyenda que en elSeñorío de Bertiz fueron envenenadas porque los lugareños se enamoraban de su belleza y morían de melancolía. Aunque no acabaron con ellas y al amanecer, todavía es posible ver alguna peinándose en el río Bidasoa. Real o no, lo cierto es que en el escudo del Señorío aparece una lamia con un peine de oro en su mano izquierda y un espejo en la derecha.

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